martes, 01 de septiembre de 2009



   No puedo sacarlo de mi cabeza... Cierro los ojos y defino cada rasgo de su cara y no la conozco. Mis manos se deslizan bajo su camiseta, sintiendo sus brazos tensos ante la caricia... Lo llamo. Su nombre es un susurro entre mis labios. Los Dire Straits están sonando y los siento lejos... Lo pienso. Las piernas me tiemblan. El pecho me tiembla... Llevo cuatro días con mariposas bailando en mi barriga...
   Creí que eso sólo pasaba en la adolescencia, la edad loca donde la confusión es una magia poderosa... He tenido los años y no la he vivido. No, nadie me la ha dejado vivir. Llegué a creer que no existía, que era una idea de poetas... Pero es. Me devuelve la niña que perdí. Sacude su olvido, su tristeza, su abandono. Limpia de sus ojos la melancolía. Cuatro días. Cuatro días con el rubor avivando mis mejillas. Tres noches mordiéndome los labios, como si fuera él. Horas de vagar incierto, recorriendo con un dedo el mapa, como buscando acercarlo.
   Suenan los Dire y juego con la piedra de luna que cuelga en mi cuello. Y lo sigo pensando... No veo sus ojos pero sí su mirada. Su boca es casi un punto pequeñito y, aún así, percibo el gesto de la sonrisa y hasta el sabor del beso. Un escalofrío... ¡Cuántas cosas le aguardan! No me importa si es muy grande y yo soy muy pequeña. No me importa si su cuerpo está lleno de huellas del trabajo, ésas que se encallan. No me importa si todo él no es esculpido, lo prefiero. Así. Es como lo veo. Y lo veo como es...
   El amor avanza, como un cachorro. Aquí estamos. Dos cachorros desencantados, recuperando sin querer el aliciente de jugar. Somos dos cachorritos que la vida ha abandonado. Somos dos lugares distintos que se encuentran. Quién sabe qué mano movió los hilos para que esto sucediera... Siguen los Dire, ajenos. Ajenos al hombre y mujer que se buscan, que se hacen cómplices... Porque el cachorro es un secreto de ilusión que asoma en medio... Aquí estamos, sí. Kafka tenía razón, ambos tuvimos nuestro Sancho Panza... Pero este cachorro aparece lleno de esperanza...
   Me tiemblan las piernas. Suena el bajo y la batería... Hoy parece que todo el mundo me necesita. Me interrumpen. Quiero cerrar la puerta. Quiero que se callen y no digan mi nombre e irme a casa... No se dan cuenta. Quiero estar sola. Sola y con él. Tenemos derecho a esta primavera, aunque sea septiembre. Será lo que a nosotros nos apetezca, porque es nuestra... Tenemos derecho a descubrirnos entre mil margaritas, a dejar que el sol nos regale el perfume del jazmín y del cardo de noviembre. Es nuestra primavera y podemos inventarla como nos dé la gana. Nadie más la va a vivir y sólo nosotros la podemos comprender. Sólo él supo derretir esta nieve de agosto, sólo él... Oh, Dios, mi cuerpo lo llama...
   No lo necesito. No, no es una necesidad. No lo necesito como respirar... Pero me hace falta. Si pudiera hablarle ahora le diría "me haces falta". Se lo diría mirándole a los ojos, sin vergüenza, porque ya me he descubierto, sin esperar ni a que me contestara. Porque no necesito que me diga nada. No necesito promesas, ni pactos, ni acuerdos... Sólo necesito vivir, vivir mucho para decirle así, en secreto y aunque todos me escuchen, "¿sabes?, me haces falta"...
   Me dice "olvídate de mí hasta las once"... ¿Cómo? Ni puedo ni quiero... Es bonito esto... Sacar fotos descalza a cristales que no son espejos porque estoy aprendiendo a fotografiar el alma... Y dedicarle travesuras para que no se le mueran las ganas... Soy capaz de inventarme una cada día para mantenerlo vivo... El amor avanza como un cachorro. Es un preludio y le digo sí, y le abro la puerta, y lo invito a pasar... Y escribo,  para que me escuche, "me haces falta"...

Tags: sentimientos, despertar, deseo, enamorar, inquietud, ilusión

Publicado por Dana-B @ 19:36  | Relato corto
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios