(...) Oh, desdeñosa ausencia, otra vez me lastimas sin piedad... A veces me siento como la flor cortada, que muere a cada segundo, irreversiblemente. Me siento triste. Esta casa vacía, la gente levantando castillos que no existen... Quiero llorar. Me dejo ir por los caminos de mi alma, caminos ocultos de los que nadie sabe, a los que nadie llega, caminos que nadie pisó. Me encojo callada, entre la arboleda de mis sentimientos y lloro. Las lágrimas salen desde el lugar mismo donde la tristeza vive y duele...Intento hacer cosas y no me apetece...
Ya se hizo noche. Me asomo a la ventana, con los ojos húmedos miro la luna, los puntitos diminutos que siembran la oscuridad de belleza, puntitos diminutos que esconden todo el poder que tienen... De pronto me siento pequeña, pequeña e invisible... ¿Dónde están las llaves que encierran los secretos de todas las vidas? Me seco con un gesto infantil esta llantina y, con los ojos fijos en ese abismo que nos envuelve, me doy cuenta de que la vida no tiene secretos... Somos nosotros que nos hacemos ciegos a un simbolismo que nos pertenece, que hemos olvidado a base de ocultarlo. Así se olvidan muchas cosas, ocultando... Quizá es culpa de la ley de la moral, la del hombre, que nada tiene que ver con la ley de la humanidad que, en el ancestro de los tiempos, los justos pecados de aquellos que jugaron a ser dioses acabaron por deshumanizar... Me estoy poniendo transcendente y eso me hace llorar más.
De nada vale llorar sino como desahogo. Me obligan a abrir los ojos y no quiero ver como, a pesar del don del pensamiento y de la palabra, muy pocas cosas hemos salvado del dios que llevamos dentro... Por eso lloro, porque me desgarra este dolor, porque parece que soy la única que sufre al ver como los instintos se atrofian, prisioneros en las jaulas de los convencionalismos... De nada vale llorar, pero a mí me sirve para que este divino instinto escape en la lágrima emocionada que resucita en mí, que tengo cuerpo y sentimientos, que echo en falta la caricia que me comprenda... Nadie lo ve huir cuando el cuerpo se revela a la pasión y ésta vence, cuando dudamos entre el titubeo del corazón que siente por sí mismo y más allá de lo que quiera imponerle nuestra razón... Se escapa en ese lienzo que disfraza de arte los obscenos deseos, en el poema que decora con palabras el decoro perdido a favor del ansia...
Extracto de "Mea culpa"
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