
[...] A lo que iba… El primer paso, el de la toma de contacto con Manolo estaba dado. A partir de ahí, cada vez que nos encontrábamos, siempre en direcciones opuestas, empezaron los “hola”, los “qué tal”, algún “cómo estás”, hasta que llegó el deseado “¿quedamos luego?”… ¡Qué momento!... Impulsiva como soy se me escapó el sí antes de querer pensarlo.
Manolo era un poco mayor que yo y, aunque un poco tímido, sabía más… En esa época me convertí en una mentirosa integral, así, como suena. Era mi primer “novio” y, en mi casa, secreto de estado. Se suponía que esta jovencita sólo tenía que estudiar y no pensar en chicos hasta tener al menos terminada su formación… ¿Cómo asimilar eso a los dieciséis? Rebuscaba entre las carreras a ver cual era la más corta… Como la que menos duraba era de tres años decidí, por mi cuenta y riesgo, que ojos que no ven corazón que no siente. Así que a mentir una y otra vez, con reincidencia y alevosía, todo para pasar unos minutos con mi Manolo.
Acercarme a él y empezar a temblar era un todo en uno maravilloso. Imposible olvidar la primera vez que me cogió la mano, el primer abrazo… Imposible olvidar la desesperación con la que me impacientaba por la evidente no llegada del primer beso… Esa es la verdad. Cuatro largos meses me hicieron escudriñar en la mente de Manolo, intentando comprender los oscuros motivos por los que no me besaba. Cuando parecía resignada a una relación platónica y pura, sin otro tipo de contacto que el de los dedos enlazados y el abrazo fraternal, llegó el beso. Llegó a traición, sin previo aviso y de forma brutal… Me imaginaba a menudo sus labios sobre los míos, rozándolos, aprehendiendo con suavidad… Una escena de película romántica que chocó con la realidad, porque los labios no se acariciaron, no. Los suyos se posaron sobre los míos con una pasión sorprendente y su lengua se atrevió a hacer toda clase de movimientos dentro de mi boca… ¡Qué impacto, madre! Salí corriendo con lágrimas en los ojos, asustada… [...]
Extracto de " ¿Alguien ha visto el amor?"
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