jueves, 10 de septiembre de 2009




   [...] Si un día alguien te dice que te quiere y no contestas, malo. Si durante casi un año te lo dicen y sigues sin contestar, se arma. Y se armó. Me llamó insensible, con lo que yo sentía, me acusó de jugar con sus sentimientos… ¿Qué sentimientos? Nunca en la vida me llegó a confundir tanto una persona, un hombre… En poco más de un año habíamos jugado a seducirnos y a disfrutarnos, en momentos robados, discontinuos, secretos. Ni siquiera compartíamos de esas conversaciones transcendentales porque, aunque sólo lo reconociera yo, nos hacía falta el tiempo para otras cosas… Pero Manolo no lo entendía así, creo que él necesitaba realmente justificar su deseo, volverlo de alguna manera más lícito o menos impactante para su moral. De pronto yo ya me veía en medio de una seria relación, con monótonos paseos, aburridas rutinas y la catástrofe en mi casa de haber pensado en chicos antes que estudiar…  Era demasiada presión para lo que yo sentía. Fui sincera y lo dejé.

Ahí se quedaba Manolo, compungido ante el rechazo de su amada. Y ahí me quedaba yo, añorando los “pecados” cometidos y preguntándome si habría otra persona en el mundo, aunque sólo fuera una, capaz de llamar a las cosas por su nombre, capaz de aceptar lo que siente, capaz de no sentir rechazo por el instinto y asumirlo, sentirlo, gozarlo, olerlo como lo que es: lo más natural del mundo.[...]

    Extracto de " ¿Alguien ha visto el amor?"


Tags: ruptura, sentimientos, sinceridad

Pétalos entre hojas