
[...] Mirando hacia las ruinas de piedras amontonadas, comenté como hacía muchos, muchos años, entre misticismos y ascetismos, los monjes y monjas se torturaban hasta conseguir unos orgasmos tan intensos, tan intensos, que confundían con la fusión de Dios… Y lo miré fijamente.
Me dio el beso más largo y delicado de mi vida. Un beso que lo llenaba todo mientras sujetaba con sus manos las mías, tras mi espalda, acercándose mucho, mucho a mí… Quería acariciarlo y no podía. Quería abrazarlo y no podía. Quería soltarme y no podía. Cuanto más me resistía más pasión ponía en el beso, y yo se la devolvía. [...]
Extracto de "¿Alguien vio el amor?"