
El verano casi termina
y la noche parece avanzar
ganándole el pulso al día
que a penas puede jugar...
Los árboles parecen tristes,
mis manos huelen a papel,
el ciclo de la vida continúa
con su eterno morir y renacer.
Quizá escribo para retener el tiempo,
el aroma del recuerdo y de la soledad,
aquello que brota en la infinidad de los días,
la primera emoción que me hizo llorar...