
Baja de tu pedestal, hombre, mira,
observa el mundo que te han regalado,
sus campos secos, casi sin vida,
sin flores que mostrar en su regazo.
Abre los ojos y empapa tu alma
con ese mar que se come la tierra,
un mar que avanza para decirte
que si no cambias perderás tu guerra.
Escucha, hombre, el vacío de la gente
que despierta al morbo de su soledad,
que ignora creyendo que sabe
matando a mentiras la felicidad.
Ahí tienes, hombre, tu obra,
tú que has podido ser perfecto dios,
llora con pena lo que has maltratado
y quizá la naturaleza te dé su perdón.