domingo, 20 de septiembre de 2009



[...] Somos víctimas del momento y del lugar. Todos, sin excepción, hemos de sufrir en nuestra piel las normas establecidas, implícita o sutilmente. Aquellas que resultan evidentes son las menos problemáticas. El problema, por llamarlo de alguna manera, surge ante esas otras que, solapadas, van minando lo que somos. Es como la gota insignificante y diminuta, inofensiva en su constante y monótona caída… ¿Seguro? Una gota puede derrumbar una casa, tan sólo necesita tiempo.

El sentimiento y su compañero el resentimiento, son gotas capaces de provocar verdaderas catástrofes. Y no porque sea malo sentir, al contrario, sino porque nos hemos acostumbrado a sentir mal, a vivir resentidos. Y según el momento y el lugar, casi me atrevería a decir resentidísimos.

Lo que no es malo es pecado, que viene a ser lo mismo. Pecado. Hay qué ver lo que  provoca esa palabra, ¿verdad? En relación con esos “sentimientos malos” tenemos, en mi opinión, tres escapes definidos. Podemos reprimirlos y volvernos aceptables y aceptados… Podemos controlarlos en secreto, que nos vuelve pecadores… Y podemos aceptarlos sin tapujos, que nos vuelve, según el momento y el lugar, en libertinos o trastornados… No es una broma, basta mirar un poco hacia atrás para comprobarlo.

  Extracto de "¿Alguien ha  visto  el amor?"

Tags: culpa, remordimiento, apariencia, narrativa

Publicado por Dana-B @ 13:22  | Narrativa
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