
No soy como la flor... Aunque ella también siente. Todavía tengo que aprender.
Ella es fuerte, sabia en su fragilidad, maravillosamente perfecta. Amanece una mañana cualquiera, en un brote de vida minúsculo que a golpe de sol y agua se abre sobre la tierra. Su tacto se nos ofrece, delicado. Su aroma es un regalo puro, sin adulterar. Sus pequeños estambres alza hacia el cielo con la esperanza satisfecha de que en ellos va a sobrevivir.
Yo soy más débil que esta flor aunque tengo un cuerpo fuerte. Como ella, he nacido de la tierra y me ha regado el sol y el agua... Pero no soy tan libre... Si me cortan sangro y muero sin regalar mi perfume en la agonía. No. Cuando me lastiman lloro, sangro lágrimas que no huelen...
Me he sentido nacer de nuevo, entre unos brazos que no he abrazado. Abrí mis pétalos a la luz y le dije al sol "tómame". Pero no era verdad... El sol no me tomaba. El sol jugaba a tomarme. Quiero ser como la flor, con ese desapego natural que todo puede. Tendré que volver a nacer para saber si he aprendido a no sentir lo que lastima...
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