
Esperar es absurdo muchas veces. Nuestro tiempo es muy limitado y corto... ¿Para qué esperar? ¿A qué o a quién? Ya no espero nada, ni a nadie. Ya no tengo la ilusión de la espera. No es necesario sonreir en el silencio que aguarda, ni inventar poemas a quien no existe, ni crear esperanzas a quien no cree en ellas.
He abierto el baúl de la magia, ya casi hace un mes... Diminutas estrellitas con poderes envolvían cada uno de mis pasos, y los tuyos... Puse ante tus ojos una fantasía con cuerpo, sentimientos, corazón. Puse en tus manos mi mimo, mi atención.
Hoy cierro el baúl, otra vez. Aquí dentro se quedarán las estrellas, las fantasías, los deseos. Todo. Todo lo que he querido compartir contigo dormirá de nuevo, ausente, sin que nada le vuelva a hacer daño.
Seguiré mi camino, como lo sigue el río, indiferente. Sé que tengo un destino esperándome. Quizá alguna vez vuelva a abrir el baúl de la magia para llenar de sueños a alguien que realmente lo merezca y valore. Será alguien de verdad, él mismo. Creerá en la libertad, como yo creo. Creerá en el trabajo y me abrazará cuando alcance una meta, no sintiéndose inferior a mí, sino mucho más grande por eso me tiene... Ahí está la diferencia.
No voy a mirar atrás, esta vez no. Si lo hiciera mis ojos llorarían de tristeza viendo lo que se queda. No es culpa mía, no ha sido mi magia la que ha fallado. He sabido esperar y comprender, he sabido aceptar y aprender... Pero si tú no crees en ti, si tu vida te confunde y no sabes lo que quieres, ¿cómo puedo confiar en ti?
Soy yo la que se va sin irse..., porque nunca he estado, ¿no? Da igual. Por cada daño que me hacen crezco cien veces. Creo en mí lo suficiente como para afrontar cualquier pena. Todo llegará. Incluso ese abrazo que presiento y nunca alcanzo. Incluso ese compañero que deseo y no consigo ver. Pero llegará, para darme los mimos y el aliento que necesito, para levantarme hacia el sol en vez de hundirme, para decirme al oído las cosas bonitas que mi magia te susurraba... Y si no llega, al menos lo habré buscado, sin temor, sin complejos, sin cadenas... Y cuando llore entre sus brazos por lo mal que lo he pasado buscándolo, él me apretará muy fuerte y me dirá con la voz más dulce del mundo: "No llores, pequeña, ya estoy aquí. Soy yo".
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