lunes, 28 de septiembre de 2009




   En ocasiones me vuelvo egoísta y terca. Entonces no veo la realidad que tengo ante mis ojos. En  esos momentos miro y no veo, me dejo  llevar por una especie de lado oscuro donde la mala disposición me impide ser consecuente, e incluso  veraz, ante mi vida... Otras veces no quiero ver... Y otras veces no sé como hacerlo...
   Creo  que sólo hay una forma de ver las cosas. Con  los ojos limpios, con la inocencia de los niños, con el corazón de la ternura de una madre, con la  serenidad del sabio y con la  fuerza y el valor del más valiente de los guerreros... Pero aún sabiéndolo tropiezo y me equivoco, soy imperfecta. ¿Y tú? Seguramente en  algún momento has confundido la sinceridad con la  falta de respeto, la claridad con la ofensa,  el consejo con un mandato...Es muy difícil ser prudentes con nuestras palabras, determinantes y  benévolos  a la vez, no hay  ninguna escuela que nos lo enseñe.
   Intento que mis palabras se acompañen de mis sentimientos e intento firmarlas con mi modesta obra. Hasta ahora, sólo así he podido demostrar la claridad que puedo darle a  mi vida. Cuando me hablan, cuando me proponen o insinúan cualquier cosa, tengo presente que una idea que no  se convierte  en palabra... es  una mala idea. Que una palabra que no se transforme en acción para mí  es una mala palabra, de la misma  manera que una acción que sólo sirve para los demás, pero no para mí  misma, es una  mala acción.
   Ya sé que tengo muchos defectos, tántos que si te los  contara te asombrarías. Pero he nacido para aprender y en ello estoy. Poquito a poco estoy  aprendiendo a saber  esperar. Los problemas son como las flores de un  bonito jardín, no tienen el mismo tono al amanecer que cuando se acerca el ocaso. De noche  se ven  más negros... Sin embargo, en ambos momentos poseen la luz que les proporcionan los diferentes matices...
  


Tags: claridad, prudencia, ternura

Publicado por Dana-B @ 17:28  | Narrativa
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