
En ocasiones me vuelvo egoísta y terca. Entonces no veo la realidad que tengo ante mis ojos. En esos momentos miro y no veo, me dejo llevar por una especie de lado oscuro donde la mala disposición me impide ser consecuente, e incluso veraz, ante mi vida... Otras veces no quiero ver... Y otras veces no sé como hacerlo...
Creo que sólo hay una forma de ver las cosas. Con los ojos limpios, con la inocencia de los niños, con el corazón de la ternura de una madre, con la serenidad del sabio y con la fuerza y el valor del más valiente de los guerreros... Pero aún sabiéndolo tropiezo y me equivoco, soy imperfecta. ¿Y tú? Seguramente en algún momento has confundido la sinceridad con la falta de respeto, la claridad con la ofensa, el consejo con un mandato...Es muy difícil ser prudentes con nuestras palabras, determinantes y benévolos a la vez, no hay ninguna escuela que nos lo enseñe.
Intento que mis palabras se acompañen de mis sentimientos e intento firmarlas con mi modesta obra. Hasta ahora, sólo así he podido demostrar la claridad que puedo darle a mi vida. Cuando me hablan, cuando me proponen o insinúan cualquier cosa, tengo presente que una idea que no se convierte en palabra... es una mala idea. Que una palabra que no se transforme en acción para mí es una mala palabra, de la misma manera que una acción que sólo sirve para los demás, pero no para mí misma, es una mala acción.
Ya sé que tengo muchos defectos, tántos que si te los contara te asombrarías. Pero he nacido para aprender y en ello estoy. Poquito a poco estoy aprendiendo a saber esperar. Los problemas son como las flores de un bonito jardín, no tienen el mismo tono al amanecer que cuando se acerca el ocaso. De noche se ven más negros... Sin embargo, en ambos momentos poseen la luz que les proporcionan los diferentes matices...