
No importan los años que pueda tener,
cada día aprendo un poco a vivir,
por eso tropiezo y me equivoco
y te disgusto y te hago reir...
Soy como el cahorro que juega impulsivo,
a veces olvido que existe algo más,
y rompo tus sueños al pasar corriendo
y me asusto al oirte gritar...
Me detengo y te digo lo siento,
prometo que no volverá a pasar...
pero la vida es tan interesante
que me enreda y se me vuelve a olvidar.
No te enfades, estoy aprendiendo
a ser libre en una jaula de cristal,
a inventarme un compañero de mis juegos
porque tú estás ocupado para jugar.
Jugando cada día aprendo
que estás muy atado a lo material,
que no ves mi disculpa en la mirada
ni la caricia que busco creyéndote especial.
Quedaré así un segundo, medio minuto,
sentada contemplando tu enfado,
pero como estoy aprendiendo a vivir
en cuanto te descuides... seguiré jugando.
Tags: perdón, humildad, sinceridad