martes, 06 de octubre de 2009



   El siguiente poema fue escrito por una mujer  que murió en  un geriátrico de Escocia. Fue encontrado entre sus pertenencias e impresionó tanto al personal de  dicho centro que se hicieron copias del mismo y se difundieron dsentro y fuera del recinto. Fue recogido por Ronald  Dahlsten y cuando por  casualidad lo leí me  emocionó sobremanera. Hoy lo he encontrado entre el caos de la mudanza y me gustaría  compartirlo con  vosotros.


¿Qué ves,  enfermera, qué ves?
¿Qué es lo que piensas  cuando me miras:
una  vieja malhumorada, no muy lista,
de  hábitos inciertos y ojos  distantes?
¿Que vierte la comida y no responde
cuando le dices en voz alta: "¡Inténtalo!"?
¿Qué parece no darse cuenta de  lo  que tú haces,
y siempre pierde una  media o  un zapato?
¿Que, resistiéndose o no, te  deja hacer lo que quieres,
ocupar el largo  día  con comidas  y  baños?
¿Es  eso lo que piensas, es eso lo que ves?
Abre los ojos, enfermera,mírame.
Te  diré quién soy mientras me quedo aquí  quieta.
Mientras me  muevo cuando me lo mandas,
como según tu voluntad...
Soy una niña de diez años, con un padre y una madre,
hermanos y hermanas que  se  quieren;
una chica de dieciséis con  alas en los pies,
soñando que  pronto conocerá a su  amor;
una novia de veinte, el corazón me da un vuelco
al recordar  los votos que  prometí cumplir;
a los veinticinco tengo mis propios hijos
que me necesitan para vivir en un hogar  seguro y feliz;
una  mujer de treinta, mis hijos crecen  deprisa,
unidos por  vínculos duraderos;
a los cuarenta, mis hijos han crecido y se han ido,
pero mi hombre  está conmigo para que  no me aflija;
a los  cincuenta, otros bebés  juegan sobre mis rodillas,
los míos y yo volvemos a ver niños.
Llegan días de dolor; mi marido está muerto,
miro al futuro, me estremezco de miedo.
Todos  mis hijos están criando a los suyos,
y pienso en los años y en el amor que he conocido.
Ahora  soy una vieja  y la naturaleza es cruel;
se complace  en hacer que la  vejez parezca locura.
El cuerpo  se marchita, la  gracia y el vigor se van;
hay una  piedra allí donde había  un corazón.
Pero dentro de este pellejo  aún vive una joven,
y, de nuevo, mi corazón amargado se hincha.
Recuerdo los gozos,  recuerdo el dolor,
y amo y vivo la vida una vez más,
pienso en los  años, pocos y efímeros,
y acepto la cruda realidad de que nada  es eterno.
Así pues, abre los  ojos, enfermera,
ábrelos y ve  no una vieja malhumorada;
fíjate bien y mira  quién soy.
  

  


Tags: emoción, sentimientos, vejez

Publicado por Dana-B @ 11:00  | Poesía
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