
Hablar de mi vida sería hablar de muchas cosas, sería recordar todo aquello que ha marcado un capítulo en mi corazón. Capítulos con nombres y rostros, con sentimientos y con más nombres y rostros dentro de sus corazones. De otra manera no estaría hablando de mi vida, estaría mostrando en un arranque de narcisismo lo mejor de mí, o lo peor, aquello que me apeteciera. Si realmente quiero mostrar quién soy, si realmente asumo quien soy, he de hacerlo con todo lo que conlleva mi vida. He de abrir cada capítulo de mi corazón, abrir las heridas de nuevo y los regalos, y las lágrimas, y las sonrisas. Y si, al final de cada capítulo, la soledad es la eterna encargada de bajar el telón he de aceptar que es así porque así lo he decidido, porque nunca me he conseguido comprometer con nadie para toda la vida. ¿Para qué? Al final todo se acaba, al cabo de unos días, de unos meses… No, no creo en las promesas eternas, como no creo en la vida estática, como no creo en que todo está perdido… Creo en la vida que cambia, se adapta, se transforma. Creo en la pasión y la caricia que se queda para siempre en el recuerdo de mi piel. Creo en la pasión que llega, una y otra vez, caprichosa, desafiante… Cada persona que entra a formar parte de un capítulo, aunque sea mínimo, de nuestro corazón, no volverá nunca y nos trae consigo un mensaje único… ¿Sigues queriendo que te hable de mi vida? Entonces tendrás que mirar de frente a todas las vidas en las que habité y a todas las vidas que me han habitado…
Tags: recuerdos, olvidar, sentimientos