
Hay un sonido que me traslada de mí a ti,
que hace de la espera una insostenible entrega,
que hace que el amor pueda ilimitado seguirte,
librando con la inercia del tiempo una dulce guerra.
Hay un sonido que baila con mi soledad,
que hace que mis ojos lloren sin tristeza,
no por vacío, ni por nostalgia, ni por abandono,
sino por lo que entre sus acordes se despierta.
Hay un sonido que hace que mi corazón se desentienda,
que llena de flores la cosecha de mis esperanzas,
que me sumerge en la danza del misterioso deseo,
consiguiendo que la pasión seduzca mi alma.