
Recuperar la palabra que me daba vida,
el verbo que yacía en la mirada,
aquel que con su silencio componía
canciones mudas para deleite de mi alma.
Recuperar incluso la melancolía
como gota de lluvia resistiendo la escampada,
recuperar la sangre, el brote de la vida,
el potro del amor que indómito galopaba.
