Mi?rcoles, 15 de junio de 2011

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Cruje la materia en reversibles mutaciones? para dotar a la piedra y al m?rmol de vida, de sangre, de muecas conspirando el murmurar secreto del coraz?n. No se puede reprimir al amor ni cuando declama al cincel. Impacto a impacto reza el rechazo dando forma a la imposibilidad del no ser. Frunce los labios el desespero y en la esterilidad de la caricia musita el brote del tacto que espera un deseo, una s?plica, un qu?date.

Camille rompe los sentimientos vagabundos que penetran silentes su obra. Engendra y transmuta pariendo las formas que no se quejar?n al transfigurar el dolor de su despecho. Qu? pecado enamorarse y sucumbir ante su propia rebeli?n. En La edad madura arrodilla su propia poes?a hasta arrancar al arte su soledad. Convierte al bronce su alma agrietada y las figuras cobran forma rindiendo pleites?a al caprichoso hilo de la decepci?n. Encarnado entre los pliegues s?lidos queda el inestimable talento que, desnudo de prejuicios, hizo de una regla de tres org?nica belleza exorcizando el desamor, con un instinto en sus dedos puliendo los cantos de su propio calvario. Bronce consagrado a golpe de martillo, incisiones dando forma a una realidad peleada con el milagro. La filiaci?n de lo inm?vil entrecruza la llaga que a la vez esculp?a en la carne esa carnalidad enamorada con el estigma creador? y el acento de una sensibilidad dividida, ilimitada. ?D?nde refugiarse del nudo apretador del que pierde? ?D?nde condoler sin arquetipos la herida invisible del destino?

Hay algo discreto bajo el bronce expresivo, algo ?spero que nos rinde a un retroceder incomprensible a su propia anticipaci?n. Se escucha mucho m?s que el latido de un cuerpo declinado, un latido m?s desgarrador, muriendo de pena, agarrando al hombre que no se qued?. Porque ?l se va al reverso mismo de lo que Camille era y, en ese partir que la desenga?a hasta de s? misma, ella nos brinda algo m?s que su obra... Nos brinda su esencia genial puliendo el laberinto de la vida, sus met?foras de encuentros y desencuentros para vestir de Arte la frustraci?n de la eterna espera con su? enguantada iron?a.

Pedazo a pedazo decapita la legitimaci?n de lo quieto mientras que una p?gina injusta escribe su nombre en un preludio superficial, alejado de la mujer definidora de un poema escrito en duros elementos que, a su caricia, reblandecen para atravesarnos hasta los huesos. Fue Camille una artista en la cornisa voluptuosa de la entelequia capaz de extraer de sus frutos la pulpa de la emoci?n. Fue cordura creativa enjaulada por conceptos impostores, los mismos que la llevar?an a la herej?a de quebrar sus hijos de piel fr?a recluyendo por insania lo que no fueron m?s que sentires del querer. Cu?nto comunica el vencimiento corporal en la figura arrodillada?proyectando en el adem?n ese agarrarse ya sin fuerzas a un presente que la rechaza?bosquejando la instancia triste de su futuridad. Cu?nto modula mudamente el dominio femenino que se lleva vaci?ndola de ausencias al hombre que se deja llevar. Parece que el aire se puebla de gemidos haciendo rasgu?os con deliberada lentitud? a ese instante de apartamiento. Gana la materia el subrayado contrapunto de un ocaso de ileg?tima incomprensi?n. Petrificado queda un poema hermoso descortezado en su silencio de toda rima que pueda lastimar, bru?ido tal vez con l?grimas migratorias en manos que aprendieron a llorar en el carnizal desdoblado desde la cavidad de la angustia.

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Tags: ensayo, escultura, camille_claudel

Publicado por CBarja @ 20:00  | Ensayo
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