Jueves, 07 de julio de 2011

Pintura de Pascual Lucas Mostell?n?

So?ar bien puede ser un remontarse al no nacer todav?a, al laberinto sin tiempo de la penumbra, a la enajenaci?n inmanente de lo inexorable para penetrar el enmascaramiento de la cotidaneidad. Es el hueco por el que se entra en lo absoluto para asistir inconscientemente al suspenso de la materia, al imposible derramarse de la vida en el delirio que sobrepasa su misma fragilidad. Fragilidad vital que nos encara con nosotros mismos en una apertura de incondicional libertad, descifrando tal vez a la par la contradicci?n del tiempo que nos dispersa y analiza. So?ando se da la paradoja temporal de la intemporalidad. Desvalidos en su inercia todo un hermetismo especular se nos ofrece. En el abolir del espacio y el instante somos personajes pasivos de una memoria que no recordamos. Despertamos, so?ando, a un pa?s del Epoj?, donde sufrimos y nos sufrimos, poblados de nuestras sombras, infravivos a veces y supravivos en ocasiones, en todo caso angustiados por la renuncia o el olvido de las brumas acronol?gicas que nos abisman en escenas y lugares que traspasan como fantasmas aquellos muros que en la vigilia inhibimos. M?gico pa?s del Epoj?, donde los conflictos se vuelven argumentos que abstraen el hito incierto de la huella que necesitamos salvar del vivir sin conciencia de estar vivo, instaur?ndose en la noche cotidiana, cuando el latido y el pulm?n se acompasan para abrir el ojo ?ntimo del no nacido o del muerto, el para siempre dormido, ese puente universal que nos reconcilia con el animal escindido en la luz. So?ar nos sumerge en la ingravidez prenatal, nos regresa al desvalimiento arcaico, a la coincidencia primera en la que presencia y esencia triunfaban bajo el soplo m?nimo de vida. Tal vez as? rozamos cada noche el umbral de nuestro primer abismo, lo oscuro invisible del desnacer ?ntimo donde cae la m?scara del mundo y la nuestra propia a la vez que tendemos, inevitablemente, el gesto de asirnos a la vida que nos sostiene, recogidos en el mismo sue?o, envolviendo con ?l nuestra desnudez, nuestra esperanza, nuestros miedos. So?ar es encajarse en un anacronismo inm?vil que nos moviliza y, ?para qu?? Tal vez para comprender que so?ando se nos revela lo irrepetible, aquello que aguarda bajo un s?mbolo tan ?nico como fugaz, tanto como para necesitar tantear lo oscuro para hallarlo. So?ando, las heridas de la sangre son las que hacen que el hueso que nos sustenta se sienta deshabitado. Acaso los sue?os sean esa hendidura que nos remonta a la mentira original en la que necesitamos enterrarnos para resguardar el oprobio de nuestra existencia desnuda con el mecer de la vida muda.


Publicado por CBarja @ 1:08  | Ensayo
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Celina.
Domingo, 10 de julio de 2011 | 8:23

Mi Poeta linda. Què lindo, El Sueño, que nos describes en tus letras maravillosas. Me encantò, y, mucho.

Gracias, Un besito.