Viernes, 22 de julio de 2011

La persistencia de la memoria, de Dal?

?D?nde se guarda la memoria de lo olvidado? Quisiera rescatar cada huella, cada sombra inexpugnable. Curar el resentimiento que aletea desde el instante mismo en que fu? expulsada a la vida. Eso somos, ofrendas de un cuerpo. Ofrendas solitarias ante el horror de la luz que desgarra la tiniebla madre, ante el dolor de la carne que empuja a nacer entre contr?ctiles resistencias, ante el aire y el grito, el llanto primero forzado en la piel todav?a embriagada de la caricia amni?tica... ?D?nde queda tambi?n ese gesto olvidado? La caricia l?quida, la que no abre heridas, quiz? la ?nica que no abre heridas. La buscamos, acaso desde ese primer momento en que la perdemos, en que nos destierran de ella para abrirnos paso a la otra soledad, a la primera soledad tambi?n entre un tumulto sin membranas, la soledad entre soledades, la convivencia al margen de los m?rgenes, al deslizamiento igual de d?as igual de hu?rfanos, al tiempo que se dobla y nos desdobla en una realidad que se deforma.

La memoria de lo olvidado nos prohibe visitarla. Llamamos a su puerta con los mismos dedos? que un d?a se cerraban sobre s? mismos, como salvaguardando en las l?neas del destino la promesa de la inocencia, que tambi?n se ablanda y se deforma... Pero persistimos en llamar con el silencio de los nudillos, doliendo el desarraigo de sentirnos viviendo perdidos. Llamamos al pasado, al vientre, al proyecto oscuro de nuestra semilla, al sue?o del mundo donde el mundo se esbozaba, al descanso impalpable donde busc? sustento el latido. Y no nos escucha. Ni un m?nimo de misericordia o de extremismo, o de amor descarnado por siempre al olvido... Entonces hablamos nuestra primera lengua, la del llanto, el balbuceo del arcano m?s puro y primitivo... Aunque ya el balbuceo sea desformado y desmentido por el tropezar a?o tras a?o con las edades educadas que han tergiversado su sentido.

De pronto, nos sentimos pobres y hambrientos, leg?timos de ausencias bastardas. En alg?n lugar de nuestro interior alguien pronuncia nuestro verdadero nombre. ?C?mo no llorar? ?C?mo no replegar la mirada hacia adentro, buscando ubicar al desconocido que vive en el sobresalto y el enga?o de uno mismo? Ah? est? la verdad, bajo la met?fora de la sangre, en el vocablo insonoro que unifica la vida, que lagaliza su vac?o, su ansia imposible, la que despoja a la vez al que somos de todas las certezas vulnerables. Quiz? nos han vestido con un nombre que supla la necesidad de ubicarnos. ?Somos eso? No... Ni nos consuela pensarlo, ni justificarnos en la iron?a de un grafismo que identifique los poros que vigilan el tiempo impuesto de vivir.

Persiste la memoria en su silencio. Habla inseminando lo profundo y despierta en m? el apetito de lo absoluto. Tengo hambre de saberme. Saberme, saber sin saber.


Publicado por CBarja @ 19:54  | Ensayo
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