Martes, 29 de noviembre de 2011

Un cuadro de William Bouguereau

 

Tengo un bosque lleno de huellas aguardando por ti... Asómame tu ternura malherida en la guerra de lágrimas que nunca has merecido. Entre los brazos de un reloj de arena madurará el naranjo olvidando todos los inviernos. Te comprendo... Yo también paseé por la víspera del plumaje disecado del lamento... Y arrojé escrita una pequeña esperanza en la botella de nube a un mar de cenizas, rogando y rogando que no quedara anclada en la Isla de los Desencuentros... Sí, todo pasa... Y el escozor de la pólvora finalmente se drena en el pulso apoyado de nuevo en el cuello. No hay olvido incapaz de curarse en las trincheras calientes de los muslos sedientos... Ven, pon tu insomnio a latir sobre el latido más tibio que aposenta mi pecho. Préstame tus encrucijadas y cambiaré el paso de la vena humillada por un andar nuevo... Un arpa en los labios conforma una acequia de líquidos besos. ¿Sientes su humedad? Tracemos, entonces, en un yema a yema de los dedos la hipnosis hambrienta del deseo... Tracemos la arirmética exacta del sonido acariciador de los gestos... Y olvidemos los collares de ausencias, y hasta la brújula muda del ciego pensamiento.


Publicado por CBarja @ 16:06
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Comentarios
Publicado por Carlos Perez
Jueves, 01 de diciembre de 2011 | 23:14

Me ha gustado bastante, aunque aún ahora no logro entender la poesía si no es en verso. No sé... como que lo siento más, con más energía.

Como siempre, un placer leerte.

Carlos.

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