S?bado, 14 de enero de 2012

 

Pintura de Jonnhy Palacios Hidalgo

 

"Nacemos, como lágrima prendida a la carnalidad del alma, con la palabra gestándose en el claustro maternal del balbuceo. Desvestimos los labios día a día y, desde un rincón del pecho, la memoria es testigo de la dicha, del sufrimiento, del reproche, del amor... Los recuerdos no son sombras. Son íntima compañía, tímidos dedos que tejen de luz los pliegues de cada historia. Los recuerdos son las caricias que nos amparan y abrigan cuando el tiempo adolece de sus juramentos, y a sus siluetas abrazamos nuestras ganas de reír o de llorar.

A veces, un olor silba en nuestra mente recortando el presente. A veces, basta un aroma para desdoblar todas las edades que hemos vivido y desnudar la línea escondida del ayer... Somos los cuadernos de huesos, sangre y piel en los que la vida escribe. Cuadernos llenos de acotaciones en sus márgenes, en los que hay que saber leer entre líneas, porque el tiempo siempre difumina el trazo del lápiz de las horas y, temerario como es, en ocasiones finge jugar con la imaginación. No importa... Lo que importa es descorrer ese velo, tomar entre nuestras manos el temblor de la nostalgia o del miedo, enjugar el llanto de la palabra y agarrarnos con mimo  a ese pedacito del alma lleno de magia en el que somos, con todo lo que fuimos y con todo lo que se fue.

Desde algún ángulo la memoria nos interroga, o zurce los rotos de los días, o da cobijo a la indigencia emocional de las mismas arrugas que nos acompañaron en el viaje de vivir, incluso sin aprender a verlas... Pero no siempre es tan benévola. También es capaz de volverse laberinto, un laberinto de incomprendido capaz de guardar sus secretos hasta para con nosotros mismos. Y, entonces, ¿qué? Entonces, la orfandad inmemorial se convierte en una dolorosa y desconcertante herida, el espejo de lo cotidiano se llena de pronto de rostros desconocidos, la casa que somos tapiza sus paredes de instantes perdidos, sin que entre en ella ni un destello que negocie el secuestro de nuestra intimidad.

Sentimientos, esperanzas, fracasos... Qué poca cosa ante el conato del ser, ¿verdad? Y es que quizá no haya mejor hogar ni tan único como la memoria. Y quizá no haya mayor desamparo que el de encontrarnos y sentirnos anónimos en el habitáculo de polvo, sentires y padeceres que somos."

 

*Texto introductorio para el recital a favor del Alzheimer en el geriátrico Los Gozos, el 06-01-2012


Publicado por CBarja @ 18:40  | Ensayo
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